Mal año para el cultivo del melón

THIAGO FERRER MORINI. Diario El País – Revista Negocios.


Son uno de los símbolos del verano: grandes, dulces melones a la venta, enteros o partidos, en fruterías, supermercados o incluso en arcenes y mercadillos. Sin embargo, a pesar de que esta cosecha ha dejado una fruta “buena con buen sabor”, en palabras de David Martínez, de la murciana Melones El Abuelo, el calor de mediados de junio ha provocado una saturación del mercado que ha hundido los precios. Rubén Trigo, de la empresa que lleva el nombre de su familia, lo deja claro: “Yo recuerdo haber visto años malos, pero como este…”.

Melones Real Cortijo
Melones embalados para su traslado en Real Cortijo de San Isidro (Madrid). Jaime Villanueva

Villaconejos, a algo más de 50 kilómetros de Madrid, se diferencia de muchos pueblos de la comunidad porque en su periferia hay campos de cultivos y no urbanizaciones de chalés. La comarca es famosa por los melones que sigue abasteciendo a la capital, pero la comunidad autónoma solo representa el 0,7% de la producción nacional. Castilla-La Mancha (en especial Ciudad ­Real, responsable de cerca de una cuarta parte de la producción nacional), Murcia y Andalucía son las mayores regiones meloneras del país. En total, 21.500 hectáreas dedicadas a la cucurbitácea.

Campaña solapada

Por norma general, las diferentes regiones productoras se reparten el calendario. “El cultivo del melón es, salvo en algunos sitios en Almería, al aire libre, por lo que no se puede pronosticar matemáticamente; el melón se saca cuando está listo”, explica Cristóbal Jiménez, presidente de la Interprofesional del Melón y Sandía de Castilla-La Mancha. “La cosecha empieza en Almería, bajo invernadero, luego sigue en Murcia y, por último, estamos nosotros. Gracias a recursos como el uso de mantas térmicas, hemos conseguido alargar la campaña de mes y medio a casi tres meses. Pero no empezamos a cosechar hasta finales de julio, y esa es nuestra gran ventaja, porque para esa época del año estamos solos en el mercado, hasta que a mediados de otoño empieza a llegar alguna que otra fruta de Senegal o de Brasil”.

Pero la ola de calor acabó con esos planes. “Hacía 29, 30 grados por las noches”, recuerda Jiménez. “Con esas temperaturas, la planta sigue su ciclo vegetativo sin parar”. “Los primeros frutos los engordó muy rápido y mucho”, explica Trigo. “Y la flor, que estaba saliendo en esa época, se quemó, lo que retrasó la segunda cuaja”. “Tuvimos que adelantar la cosecha 15 días”, concluye Jiménez. “Y claro, nos solapamos con Murcia”.

La consecuencia es un clamor entre los productores: julio ha sido “un mes de pura ruina”, en palabras de Jiménez. “Poner en los lineales de un supermercado un kilo de melón extra de primera calidad, controlado desde el principio al fin de la cadena alimentaria, cuesta 43 céntimos el kilo. Se ha llegado a vender en torno a los 10 céntimos. Todo el melón que ha salido al mercado ha salido al 40% del precio de coste”. “No valía la pena ni siquiera sacarlo del campo”, confirma Trigo.

Ni siquiera el mercado exterior ha sido regular. Aunque está lejos de ser el mayor productor (ese es China), España es el mayor exportador mundial de la fruta: 334 millones de euros en 2015, el 21% de las ventas internacionales, seguido de Guatemala (12%) y Brasil (11%). “El melón es una fruta que depende mucho del tiempo”, explica Trigo. “Es una fruta que se compra cuando hace calor. Y en el norte de Europa se puso a llover y a llover, y, claro, las ventas se han resentido”. Otros productores, como Melones El Abuelo, no han notado esta evolución. “Esperamos crecer en los mercados extranjeros entre un 3% y un 4%”, indica Martínez.

En el almacén de Melones Trigo, en el Real Cortijo de San Isidro (Madrid), el ajetreo de mediados del verano ha dado paso a un ambiente más relajado. En el muelle de carga, un camión retira palés viejos. “A los españoles nos gustan los melones grandes”, apunta Trigo. “Estos más pequeños”, afirma mientras muestra una caja con melones piel de sapo de alrededor de 10 centímetros por la parte más ancha, “son para el mercado francés. En España no se venderían”. Son los “melones de a cinco la caja”, como los llama Jiménez.

Pero la diferencia entre España y el resto del continente no solo es el tamaño. “El melón amarillo tiene más tirón de Pirineos hacia arriba y, por lo tanto, hay más competencia”, explica Trigo. “El piel de sapo se vende en España y Portugal, aunque si bien los portugueses tienen una variedad propia —el llamado blanco del Ribatejo— que consumen a partir de junio. En España, que yo sepa, son pocos los casos en los que las variedades para la exportación se cultivan con el objetivo de entrar directamente en el mercado externo”, explica Jiménez. “Muchos trabajan con contrato con empresas extranjeras”.

Es precisamente esa preferencia la que hace que los productores internacionales hayan tradicionalmente cultivado variedades como la cantaloup y dejen el mercado interno para la cosecha local. Esto, no obstante, está cambiando. “Ya hay empresas españolas en Senegal”, afirma el presidente de la Interprofesional. “Lo que hacen se vende aquí”.

La producción de melones está cayendo en España, según las cifras oficiales del Ministerio de Agricultura. En 2016, la cosecha fue de 683.200 toneladas, un 25% menos que tres años antes, aunque, según indican fuentes del sector, “una cosa son las estadísticas del ministerio y otra cosa es la producción real”. Para Jiménez, “el agricultor ha visto que la campaña venía desastrosa y no ha plantado, o se ha pasado a la sandía”.

El problema, afirma Jiménez, es el de siempre. “La gran distribución dirige y manipula los precios a su antojo”, considera. “Cuando la cotización sube, presionan y presionan hasta lograr el precio que quieren, aunque falte melón”. El sector, que según la patronal ocupa 500.000 jornales al año, no recibe ayudas directas.

El presidente de la Interprofesional manchega reconoce que no todo es culpa de la gran distribución. “Mi región tiene una gran ventaja, que es la estacionalidad y el clima”, apunta Jiménez. “Pero aquí la debilidad son 2.000 agricultores que creen que por separado las cosas les van a ir mejor. En Murcia, donde el movimiento cooperativo está mejor organizado, también tienen problemas con el precio pero a menor escala. No sé si seremos un día capaces de plantarles cara”.

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